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TALLERES RSE


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Volver a ser niños

Lunes en la mañana y desde bien temprano las caras en el metro, en el transantiago, en las oficinas, en el banco, en dónde sea, son revelación empírica de que sí tenemos un enemigo en común, un antagonista del fin de semana, ese que hizo olvidarnos de todos los problemas como si sólo con llegar pusiera pause en la programación de nuestras actividades y permitiera, a veces de manera catársica, dejar salir al ansioso y atribulado verdadero yo que vive en nosotros (cada uno en su propia y subjetiva medida). El lunes es capaz de angustiar el alma colectiva sólo con su sola proyección de que se dejará caer al terminar el domingo, una proyección que acecha desde el día viernes o incluso antes. Un enemigo de comic que resucita una y otra vez cada siete días.

 

Para apalear ese contagioso shock grupal y esos poco amigables rostros que surgen en la rutina laboral, desde hace ya un tiempo y en varios espacios citadinos, se practican una serie de actividades de autocuidado para los trabajadores, de oficina mayormente. Talleres y capacitaciones, ejercicios de relajación, de risoterapia y de expresión, los cuales también son una rama laboral importante para los actores.

La risoterapia es una práctica que básicamente te invita a reír, si, a reír motivándose grupalmente. Se pretende que esta risa elimine bloqueos emocionales, que cause efectos antidepresivos, que mejore las relaciones al interior del trabajo, entre muchos beneficios más. Por algo se dice que la risa puede incluso curar enfermedades. El Actor Andrés Goméz, “el doctor de la alegría” (o conocido como el Patch Adams chileno) es uno de los precursores de este movimiento-terapia.

Los talleres de expresión física, vocal, y de teatro también son parte de los recursos utilizados por las empresas en esta búsqueda por mejorar la calidad de vida de los empleados o simplemente porque se los exige algún programa o la dirección de recursos humanos.

En estos talleres, se apela a las emociones básicas, a las capacidades naturales del hombre, a utilizar el rito del baile, los gritos, la risa, el humor y la espontaneidad. Esta apertura sensorial ultra beneficiosa deja marcando ocupado a gran parte de los adultos trabajadores que tienen escondida (o reprimida) su alma de niño y luego los deja sorprendidos de haber redescubierto que poseían aún esa esencia.

Nos sentimos apenados de mostrarnos tal cual somos y nos guardamos como buscando protegernos en la imagen de adulto serio en ese marco legal que entrega la formalidad. Sacar a flote los aspectos ridículos y “anormales” (entendiendo la normalidad como el conjunto de NORMAS sociales que nos imponen desde la infancia) es una tarea complicada, pero necesaria, sobretodo en esta época de aceleramiento masivo y furioso.

La condición reglada a la que estamos sometidos todos los seres humanos “civilizados” nos lleva a alejarnos cada vez más de lo natural que implica la risa, el juego, el baile y las emociones, en innumerables ocasiones es más difícil superar la vergüenza que realizar determinada acción, lanzarnos con todo a la piscina o aprovechar un momento que se pasa por miedo a exponernos.

He tenido la suerte de impartir clases de teatro y talleres para personas de todas las edades, todos los estratos sociales y también de distintas capacidades mentales. Los resultados son evidentes y positivos para todos, las capacidades objetivas de cada alumno van en ascenso durante toda la participación en talleres de expresión. Mejoras en la autoestima, en el comportamiento, en la expresión, en la comunicación con los pares, entre otras, son parte de los beneficios que obtienen los niños y los adultos, en el caso de las personas con características mentales diferentes son aún mayores los beneficios… pero para hablar de ellos es necesario una columna completa dado la riqueza de contenidos que acarrea el trabajo con esas personas.

Volver a ser niños, eso es lo que necesitamos, olvidarnos se esa gravedad inherente que se aplica al estado de adultez y reaccionar a tiempo ante la perdida de la naturalidad, de las expresiones, de lo primitivo es algo que no puede esperar.

Nuestra cultura es represiva y prejuiciosa. Está criando adultos “atrofiados” que desconocen sus capacidades, su cuerpo y sus emociones, por eso insertar y proteger las actividades y las asignaturas artísticas en los colegios es una tarea urgente y necesaria, la única manera de criar adultos felices es entregar esa libertad que sólo el arte provoca, en cualquiera de sus ramas.

David Gajardo Gúmera
(Actor chileno connotado que desarrolla en LIDERA  el Taller de RISOTERAPIA 2012)

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